Cristina Fernández de Kirchner

Cristina Fernández de Kirchner
Hay una REALIDAD que los diarios NUNCA te van a contar, porque no sirve a sus intereses.// ♥♥♥ Elecciones 2015: nosotros te avisamos, pero NO QUISISTE VERLO. Ahora ya están aquí. Mientras tanto, ABRAZAME, hasta que vuelva CRISTINA. ♥♥♥

miércoles, 22 de marzo de 2017

La censura existe, y las peleas de poder en el barro editorial, también.


Tenemos que demostrar quién manda... dice Mauricio Macri por boca de la autora, a cuatro días de asumido y a punto de sacar los DNU con los que designaría a los dos nuevos miembros de la Corte Suprema, según su gusto y al margen del Poder Legislativo y del mismo Presidente de la Corte. (*)

Con el ejemplar en mis manos, me dispongo a leerlo. Y...¡oh sorpresa!
Al margen del trabajo de investigación, que puede ser serio, concienzudo y exhaustivo, el sesgo del mismo deja entrever que la mirada de la autora no es NADA neutral. En apenas unas páginas, ya desde el comienzo, puede inferirse: el libro podría inscribirse en una lucha de poder entre dos pesos pesados de la república: un poder Ejecutivo que no quiere obstáculos que le impidan alcanzar su objetivo y un poder Judicial, en la cabeza del Presidente de la Corte Suprema, con su propio objetivo de poder. Una lucha tremenda pero sobre todo, muy PELIGROSA para las instituciones y la democracia misma. 
"El señor de la Corte". Natalia Aguiar. (pág. 15)
Podría abundar en más ejemplos, pero con éste, tan significativo, alcanza:

1. La mirada sobre la ex presidenta Cristina Kirchner es sesgada, tendenciosa, peyorativa y desliza una acusación sin fundamento: la ex presidenta SE NEGÓ a traspasar los atributos presidenciales porque AL PARECER "se habían negado a garantizarle impunidad judicial a ella y los suyos". La supuesta seriedad de la autora en su investigación sobre Lorenzetti se cae a pedazos con su mirada claramente Anti K que arriesga motivos sin ninguna base, ni siquiera un testimonio, sobre algo de tal gravedad. Y si además recordamos los recientes episodios de corrupción (hoy llamados "conflictos de intereses" o "negocios incompatibles") del presidente Macri, su familia, sus funcionarios, sus amigos, socios y testaferros, la suposición de la autora suena antojadiza y tendenciosa, por no decir, mal intencionada. La saga de la fracasada entrega de los atributos presidenciales de Cristina a Macri bien podría inscribirse en la crónica del maltrato verbal, la prepotencia, la soberbia y la mala educación de Mauricio Macri, con sobrados ejemplos como para que no queden dudas (ver nota La buena educación en este blog).
La frase "Yo no manejo los jueces" también atribuida a Macri por la autora, se da de narices con la realidad presente y las presiones que llevaron a la renuncia a algunos jueces, al pedido de apartamiento constante a la Procuradora Gils Carbó a quien amenazan con juicio político, la persecución mediática a jueces y fiscales insumisos que se atreven a cuestionar medidas de gobierno reñidas con la legalidad, y un larguísimo etc. (**)
2. La mirada sobre el presidente Macri no sólo es (supuestamente) neutra: observando toda la película (libro, censura, presentación, denuncias, actores involucrados) puede entenderse que, para la autora, Macri es la VÍCTIMA de las ansias desmedidas de poder, no sólo de la ex presidenta Cristina Fernández que además pretende impunidad y pone "bombas" en su camino, sino (ya ocupando la Primera Magistratura), del propio Presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti. La frase que la autora le atribuye a Macri: "Tenemos que demostrar quién manda" suena por demás elocuente. No significa que esta lucha de poder no sea real, sino que, en el contexto del libro (la censura en librerías, la denuncia que el libro representa, quién acompaña a la autora en su presentación _la diputada Elisa Carrió_ y las denuncias que la misma viene realizando contra el propio Lorenzetti) queda bastante en evidencia que la pelea por el poder entre el Presidente Macri y el Presidente de la Corte Suprema se ha trasladado al ruedo editorial, sin abandonar los escenarios mediáticos o gráficos de diarios y revistas. En la nota anterior (La censura no existe, mi amor... ) mostramos cómo el mundo editorial fue, a lo largo de los años kirchneristas (2003-2015), un campo fértil de disputa simbólica donde muchos periodistas presentaban denuncias de supuestas investigaciones donde los blancos eran tanto el presidente Kirchner, como su esposa, la presidenta Cristina Fernández, sus funcionarios y/o allegados de diferentes ámbitos. La nota citada tenía como fin mostrar cómo, a pesar de la feroz campaña editorial de sospechosa seriedad había sido respetada plenamente la libertad de expresión de los autores y sus libros. A pesar de las acusaciones de autoritarismo, ninguno de ellos (ni libros ni autores) había sufrido censura o persecución. Y las críticas que sí existieron (al fin, todos tenemos derecho a responder acusaciones sin fundamento), fueron en especial hacia el universo periodístico, gráfico, radial y televisivo.
3. Que el libro se inscribe en esa pelea simbólica, con el mundo editorial como escenario, entre Macri y Lorenzetti a través de Elisa Carrió (diputada del partido ARI, aliada del PRO en #Cambiemos, el partido de gobierno), queda más que claro con esta invitación a su presentación:
Y entonces ya todo cierra. No quedan dudas que mis observaciones sobre la mirada sesgada de la autora (peyorativamente Anti K, piadosa con Mauricio Macri y su gobierno, maniquea con Ricardo Lorenzetti, supuesto victimario del presidente) eran acertadas. El libro podrá tener sustento en cuanto a sus investigaciones, pero lo pierde por su mirada parcial e intencionada hacia otros actores no menos importantes, como la presidenta Cristina Fernández, sus funcionarios y su entorno, incluso sus actos de gobierno. Si no fuera porque el objeto del libro es mostrar (atacar) la figura de Lorenzetti, antagónica de Macri, bien podría inscribirse en la lista denostadora de la galaxia editorial Anti K. Y una actora fundamental en esta movida contra Lorenzetti es la permanente acusadora del Presidente de la Corte Suprema, la diputada Elisa Carrió, aliada de gobierno de Mauricio Macri.
A veces no todo es lo que parece. Y otras veces, lo que ES finalmente aparece. Sólo hay que esperar, detenerse, observar, unir los puntos y puede verse la película completa. Las consecuencias de esta tremenda pelea entre dos representantes de los 3 poderes que conforman la República (Ejecutivo, Judicial, Legislativo) es una pésima noticia para nosotros, los ciudadanos de a pie, verdaderas VÍCTIMAS que quedamos como rehenes, y quienes no podemos tener garantizados derechos ciudadanos que, como consecuencia de esta PELEA, podemos perder.
No me atrevo a dudar del "intento de censura" que significó retirar todos los ejemplares del libro de Aguiar de las librerías. Pero la movida mediática denunciándolo y el personaje Lorenzetti y su lucha por el poder, sirvieron como un importantísimo efecto multiplicador del interés, que por supuesto a sus promotores les vino de perlas. Lástima que en las apariciones mediáticas de la autora no haya sido mencionado nunca ENTRE  QUIÉNES se da la verdadera lucha por el poder, cuando parecía que la pelea era entre una periodista que quería contar LA VERDAD y un hombre poderoso que quería ocultarla. La verdadera pelea fue (auto) censurada en el discurso.
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(*) "El señor de la Corte. La historia de Ricardo Lorenzetti". Natalia Aguiar.
(**) Ver el libro "El Tano. Quién es Daniel Angelici", de Damiani y Maradeo.

domingo, 12 de marzo de 2017

Yo, maestra...

Lo mío era el Arte en todas sus formas... Dibujar, pintar, cantar, actuar, escribir poesías, escuchar historias, realizar artesanías...todo me gustaba. El Arte en su sentido amplio, sin categorías ni clasificaciones, tanto expresarlo como disfrutarlo, los libros de arte podían ser el mejor regalo que me hiciera mi mamá. Tal vez lo había heredado. Recuerdo unos fascinantes dibujos de mi papá, al que luego perdí por esas cosas que hacen los humanos imperfectos, y cuyo talento fue, a través de los genes, la herencia que su figura luego desdibujada me dejó. Y cuando terminé la primaria, la salida "natural" hubiera sido continuar en Bellas Artes. Pero mamá se negó: yo debía continuar en una escuela que me otorgara, al finalizar, el TÍTULO de Maestra... Esa imposición que me trajo tantas frustraciones en ese momento sirvió para que, en poco tiempo, se revelara mi condición también casi natural, para la enseñanza. Como además fue imposible soslayar el amor por el arte, en las aulas, los patios y en los actos escolares las dos cosas se hicieron UNA. Lo que había sido mi vida de alumna se replicó en mi tarea docente.
Después de dos años de trabajo en una escuela privada (la misma en la que había estudiado) recalé en la escuela pública. Fue en un "barrio de erradicación", tal como llamaban a esos barrios que el gobierno de facto de Onganía había construido para alojar aquellas familias desplazadas desde las villas de la Capital Federal hacia territorios del Gran Buenos Aires. "La escuela", título en extremo generoso, la constituían 3 habitaciones (de qué otra manera se podía llamar a unos cubículos de, como mucho, 6x6 mts.): una destinada a alumnos de 1º, 2º y 3º. La segunda, para alumnos de 4º, 5º y 6º. La última, era la Dirección. Allí, una directora autoritaria y delirante, resumía en sí los roles de directora, vicedirectora y secretaria. Las dos maestras de cada turno tratábamos de ponerle onda a la nada fácil tarea: cada cuarto-habitación (construido con aglomerado) que servía de aula tenía, además de la puerta, una pequeña ventana. Y allí pusimos cortinas (pagadas por nosotros, por supuesto), trajimos macetas con plantas... Pero además, había que "atraer" a los alumnos. El ausentismo en escuelas precarias de barrios tan humildes es siempre una constante. Así que, allí iba la "maestrita" con su guitarrita para alegrar y motivar a los y las alumnas de 1º, 2º y 3º para que tuvieran más ganas de venir a la escuela. Uno de los alumnos, que solía faltar mucho, apareció un día y lo festejamos. Pero cuando miré sus manos, los dedos estaban muy manchados. Entonces me contó: cuando él no venía a la escuela era porque, para ayudar en su casa (eran varios hermanitos además de él) iba con su cajoncito a lustrar zapatos a las estaciones de tren... 
Los chicos buscan su manera de ser felices, y era esperanzador verlos reir o cantar a pesar de sus pobres vidas, enriquecidas con su alegría infantil. Cómo no esmerarse en hacer lo imposible para mejorarlas un poco más, no?

Si alguna de las maestras (éramos 2 en cada turno) renunciaba, salíamos las otras a buscar suplentes, porque no era fácil. No cualquiera tenía el espíritu tan fuerte o la necesidad de trabajar sí o sí como para bancarse semejante precariedad, y encima una directora loca como una cabra que nos exigía el trabajo burocrático de una escuela de excelencia. Pero claro... además de las carencias edilicias y el pobrerío del barrio, había que bancarse el barro cuando llovía, porque "la escuela" era tan precaria (supuestamente provisoria) que ni asfalto había afuera, ni calle ni vereda ni patio, y adentro, el piso era de tierra apisonada. Por eso las botas de goma eran parte del uniforme escolar, de alumnos (algunos) y maestras. 

Cuando escucho a algunos decir que los docentes trabajan 4 horas y tienen 3 meses de vacaciones, o cuando algunas autoridades (nacionales y provinciales) se ensañan contra los docentes, sus dirigentes o los laburantes, cuando algunos "oficialistas"que apoyan al gobierno, frente al destrato y la falta de respeto a la tarea docente, se vanaglorian queriendo romper una huelga porque total CUALQUIERA puede hacer esa tarea, y se ofrecen como "voluntarios", y la gobernadora de la provincia se burla de los "Maestritos que no le van a torcer el brazo", o los menosprecia diciendo que va a poner 60.000 voluntarios de los que se ofrecieron en Twitter (un invento absoluto) o el presidente de la Nación, al mejor estilo barrabrava asegura que, frente a las amenazas a la vida propia y de sus hijos, de un dirigente gremial dice: "...Baradel (el dirigente amenazado) puede cuidarse solo", se me sube la bronca a la garganta, y me acuerdo de todos esos días de esfuerzo, sinsabor, amargura, impotencia, tratando de dar, como  parte de un Estado que ahora pretenden borrar, ALGO de lo mucho que chicos y chicas merecen por vivir en este país. El país que yo quiero, en el que viví, me formé, trabajé toda mi vida, y que me dio lugar para que, como MAESTRA, pudiera devolver algo de todo lo que recibí. Pero la vocación no significa trabajar gratis o con un sueldo de hambre, ni permitir que no se respete un trabajo loable y digno. Sobre todo de parte de gobernantes sin escrúpulos que despilfarran los dineros públicos en negociados espurios, en dar todos los beneficios posibles a los sectores más poderosos, de los cuales son parte, pero se ponen "ahorrativos" y quisquillosos cuando se trata de la educación pública.

Un poco de respeto, señores gobernantes. Muchos y muchas somos y nos sentimos docentes, que cumplimos esa tarea y merecemos ese RESPETO. Los alumnos y alumnas que hoy son descuidados por un Estado que descuida a sus docentes, se los van a facturar al final del camino. Y no van a querer estar allí para recibir ese juicio de la historia. Ténganlo por seguro.
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